Poseer una mente sana, tener buenas compañías, llevar una dieta equilibrada o vivir tranquilamente son algunas de las razones empleadas para justificar la longevidad. Sin embargo, mientras la ciencia se empeña en buscar fórmulas para alargar la vida, sólo unos pocos elegidos logran llegar a los cien años, empujados siempre por un enorme optimismo, y excelente sentido del humor.

Alfredo, nació en Buenos Aires el 27 de abril de 1917, es el segundo de 9 hermanos varones; hijo de Palmira Riera y Manuel Seoane; es descendiente directo de catalanes y gallegos.

Al fallecer su padre, la familia se muda a Corrientes, junto con el “abueliño”,(bisabuelo gallego ) donde se radican definitivamente. Alfredo trabajó aquí en Corrientes en Obras Sanitarias de la Nación, por 41 años y hace 40 que es jubilado.

Sus valores más apreciados; además del optimismo y excelente sentido del humor, son la honestidad, el trabajo y la responsabilidad.

Fanático hincha de Boca, junto con su hermano Roberto, el resto de San Lorenzo, porque vivieron algunos años en Almagro.

Alfredo conoció a Carlos Gardel, “el zorzal criollo” y lo vio actuar en el Tigre. Le encanta el tango y aún canta algunos domingos en la mesa del almuerzo, y pide escuchar algunos de sus preferidos.

Se caso con Genoveva Niella, tuvieron 3 hijos y 5 nietos. Tiene una lucidez y una memoria excelente, su hobby favorito es andar en bicicleta fija y para mantener la mente, realiza palabras cruzadas y autodefinidos y por supuesto una copa de vino tinto con el almuerzo. Cocina de vez en cuando lo que a él le gusta, es un gran lector y a veces también escribe poemas.

La sabiduría también viene con los años y son los adultos mayores los herederos de un capital social que el resto de los integrantes de la comunidad debe cuidar como un valioso tesoro.

A Don Alfredo Seoane Riera le ha tocado la suerte de que la vida le haya concedido el don de cumplir los 100 años de edad. Su memoria atesora nuestra historia, ésa que está forjada por la vida de cada día.